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Sábado 22 Julio 2017
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¿Cómo saber si un niño es celíaco? Síntomas, diagnóstico y estilo de vida

Ser celíaco siempre ha sido un trastorno vinculado a la infancia. En los textos tradicionales de medicina se describían síntomas muy llamativos como diarreas crónicas, desnutrición importante, abdomen muy distendido y retraso en el crecimiento. En la actualidad, además de los niños, se están diagnosticando bastantes casos en jóvenes y adultos, en los que la sintomatología no es tan aparente.

El trastorno -y sus molestos síntomas- sucede por la inflamación que se produce en la mucosa del intestino delgado, que pierde la capacidad de absorber macro y micronutrientes. La efectividad y disponibilidad de métodos diagnósticos recientes y el mayor conocimiento de las formas con pocos o ningún síntoma, que también existen, han contribuido a sacar a la luz muchos casos que antes no se conocían.

Lo que nunca se debe hacer es quitar el gluten de la dieta sin que un médico diagnostique la enfermedad, aunque esté “de moda” hacerlo, lo digan algunos famosos o lo proclamen algunos portales web de dudosa base científica. Si no hay ningún trastorno relacionado con la ingesta de gluten (se describen hasta cuatro entidades: enfermedad celíaca, alergia al gluten, sensibilidad al gluten no celíaca e intolerancia al gluten), es absurdo retirarlo.

Celiaquía: síntomas y diagnósticos según edades

Los síntomas dependen de la edad y pueden comenzar tras la incorporación de los primeros alimentos que contengan gluten (pan, pasta, papillas de cereales) pasados los primeros seis meses de vida, normalmente cuando llevan ya dos o tres meses tomándolos. Así, antes de los dos años de edad, las señales de que el niño es celíaco pueden alertar al pediatra son las siguientes:

  • diarreas pertinaces o cíclicas.
  • heces blandas, pálidas y voluminosas; flatulencia excesiva.
  • vómitos frecuentes.
  • distensión abdominal, dolores abdominales recidivantes.
  • estancamiento o bajada de peso.
  • crecimiento detenido o muy lento.
  • tristeza, decaimiento, pérdida de apetito.

Pero ¿cómo se hace el diagnóstico? Si la sospecha de que el niño es celíaco es fundada, el pediatra pedirá análisis de sangre para conocer los niveles de anticuerpos antitransglutaminasa (AAT). Además de estos anticuerpos, en los resultados se puede encontrar anemia ferropénica (bajo nivel de hierro en la sangre), aumento de enzimas hepáticas y bajada del nivel de proteínas en la sangre, entre otras alteraciones.

¿Y si es celíaco? ¿Cuál es el siguiente paso?

Si hay datos clínicos y analíticos que sugieran el diagnóstico de celiaquía, el pediatra de cabecera mandará al pequeño al pediatra gastroenterólogo para que estudie a fondo el problema y pueda llegar -o no- a un diagnóstico seguro. En tal caso la decisión de no tomar gluten es para toda la vida, con las consecuencias económicas y de orden práctico que conlleva dicho diagnóstico en el ámbito familiar y social. Además, será necesario un dietista-nutricionista conocedor de la enfermedad para que haga una evaluación del estado nutricional, un análisis de los hábitos alimenticios y establezca patrones correctos de alimentación y un sistema de evaluación del cumplimiento de la dieta.

 

Síntomas en adolescentes y otras enfermedades asociadas

Los adolescentes, aunque es frecuente que sean asintomáticos, pueden tener uno o varios de los siguientes signos y síntomas: cefalea, aftas orales, alteraciones menstruales o retraso de la primera regla, dolores abdominales, estreñimiento, hábito intestinal irregular, dolores articulares, debilidad muscular, fatiga crónica, pérdida de peso o aparición brusca de edemas (pies hinchados, por ejemplo). En general, la enfermedad celíaca en adolescentes y en adultos es difícil de diagnosticar por ser en muchas ocasiones silenciosa. Otras veces pasa por periodos largos sin síntomas llamativos o se confunde con otras enfermedades bastante habituales.

Hay un grupo de enfermedades en las que la celiaquía se presenta con una frecuencia mayor de lo esperado: diabetes mellitus tipo 1, déficit selectivo de Ig A, síndrome de Down, enfermedades tiroideas, enfermedad hepática, artritis reumatoide, algunos trastornos neurológicos y psiquiátricos.

Fuente: Eroski Consumer




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